Tras varios años marcados por diferentes crisis económicas, sanitarias y sociales, hoy en día nos enfrentamos a una nueva realidad en la que confianza es un pilar básico en la estrategia de las empresas. Desde el COVID en 2020 hasta los desafíos impuestos por la guerra de Ucrania y la inflación, los consumidores han cambiado su percepción y sus expectativas hacia las empresas. Una coyuntura que redefine el vínculo entre empresas y consumidores y cómo las marcas deben adaptarse a esta nueva realidad para seguir conectando con los consumidores.
En un entorno donde la incertidumbre forma parte del día a día, los mercados tienen la necesidad imperante de recuperar un concepto fundamental: la confianza. Una confianza que no solo depende de la calidad de los productos y/o servicios ofrecidos, sino que abarca una dimensión más profunda donde entran en juego otros factores como la transparencia, el compromiso y la empatía.
Unas crisis recientes que han acelerado el aumento de la digitalización y la adopción de tecnologías como la Inteligencia Artificial (IA). Un nuevo desafío en el que debemos lograr que estas herramientas puedan fortalecer los vínculos con los consumidores en lugar de distanciar nuestra relación con ellos. Aquí es donde entra en juego el concepto de la personalización ya que, cada vez más, los consumidores buscan experiencias únicas adaptadas a sus necesidades individuales. Las marcas que logren ofrecer esta personalización destacarán en un mercado hipersaturado.

Impacto de la comunicación en la confianza del consumidor: una comunicación transparente y auténtica por parte de las marcas en momentos de crisis puede influir enormemente en la confianza del consumidor.
El peso de la responsabilidad social corporativa (RSC): las acciones de RSC también pueden ayudar a mejorar la percepción que los consumidores tienen de una marca en tiempos de crisis, siempre y cuando sean acciones reales acordes con los valores de la marca y no campañas de “blanqueamiento” como lo sería, por ejemplo, el greenwashing.
Adaptar las estrategias de marketing y de ventas: en tiempos convulsos y de crisis, las estrategias de marketing y ventas deberían cambiar para satisfacer las nuevas necesidades y expectativas de los consumidores. Unos cambios que pueden incluir cambios en la mensajería, los canales de distribución alternativos y la implementación de tecnologías digitales para mejorar la experiencia del consumidor.
Innovación como motor de confianza: en tiempos de crisis, más que nunca, es vital invertir en innovación. Las empresas que se adapten rápidamente a los cambios del mercado tienen una ventaja competitiva significativa. Una innovación que no solo ayuda a las marcas a sobrevivir en momentos difíciles, sino que también construye relaciones sólidas con los consumidores.
Fidelidad con el consumidor a largo plazo: la fidelidad del cliente a largo plazo es fundamental para que las marcas puedan construir relaciones sólidas y duraderas con sus consumidores. Una fidelidad que se vuelve más importante en tiempos de crisis, ya que los consumidores buscan marcas no solo puedan satisfacer sus necesidades sino con las que puedan confiar.
En un entorno donde la evolución de la relación entre los consumidores y las marcas exige una nueva relación basada en la confianza, las empresas que utilicen este principio como una herramienta estratégica estarán mejor posicionadas y se convertirán en referentes legítimos para los consumidores. Un valor a preservar que impulsa el crecimiento y la sostenibilidad de las empresas a largo plazo en un mundo en constante cambio.